Los tórrido días del verano madrileño son el momento perfecto para visitar los increíbles lugares en la Sierra de Madrid con los que cuenta esta Comunidad. Tanto para aquellos locales que no pueden irse de vacaciones como para los turistas que ya se han pateado el cemento recalentado, tenemos en la sierra madrileña sitios ideales para estar más fresquitos para pasar un día genial, especialmente si vamos con los peques.
En este artículo nos enfocamos en los Bosques de Valsaín y en la Ruta dela Boca del Asno, auténticas maravillas de la naturaleza; un pueblo como Miraflores de la Sierra, rico en patrimonio cultural pero con una flora y fauna excepcional y una aldea preciosa -Horcajuelo de la Sierra- en la cada vez más conocida ‘sierra pobre’ de Madrid. Tres posibles lugares en la sierra de Madrid donde disfrutar en familia al aire libre que no puedes perderte.
Bosques de Valsaín y ruta de la Boca del Asno
Uno de los lugares en la sierra de Madrid son los bosques de Valsaín, situados en el valle de Valsaín en la Sierra de Guadarrama, son un espacio natural privilegiado para desconectar de la rutina y disfrutar de la naturaleza en familia. A tan solo 53 km de la Madrid, son una excelente opción para salir de la rutina con los peques, rodeados de naturaleza. La ruta de senderismo que recorre el Pinar de Valsaín es una de las más populares e la zona, accesible para todos los públicos.
A lo largo del camino se pueden observar especies de animales y vegetales propias de la región, como jabalíes, nutrias, buitres negros y águilas imperiales. Los peques disfrutarán de la magia y el encanto del bosque perdido, a través de esta ruta para todos los públicos.
También podéis disfrutar de la ruta de senderismo de la Boca del Asno en Segovia. Donde el río Eresma pasa por la falda de Guadarrama hacia La Granja, un paisaje único que nos recuerda épocas antiguas de reyes y súbditos. Como a los niños les encantan los castillos, donde se imaginan guerras, batallas y dragones…. Precisamente, al final de la ruta de la Boca del Asno se encuentra El Castillo de Manzanares El Real, una fortaleza del gótico tardío que se encuentra entre las montañas. Este castillo es una visita cultural muy recomendable para conocer la historia de la zona y disfrutar de unas vistas impresionantes desde su torre principal.
En definitiva, tanto los bosques de Valsaín como la ruta de la Boca del Asno son dos opciones muy recomendables para disfrutar de la naturaleza en familia y conocer mejor la región de la Sierra de Guadarrama, antes de acudir al castillo.

Miraflores de la Sierra
Otro de los lugares en la sierra de Madrid a tan solo 49 kilómetros de la capital, al norte de la Comunidad y dentro del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares se encuentra este bellísimo municipio, destino turístico -no sólo de madrileños- desde el siglo XIX, aunque algunas villas residenciales de nobles se construyeron en la segunda mitad del siglo XVIII. Reúne todo para el ocio, el relax, el senderismo y los placeres gastronómicos. Cuenta con estupendas zonas de recreo, jardines, un entorno natural increíble (flora y fauna) y un reconocido patrimonio cultural.
La visita en familia merece más que la pena, y en cualquier época del año, por ser un excelente punto de partida para todo tipo de actividades en la naturaleza, rutas a pie, en bicicleta, rutas ornitológicas y parapente entre otras muchas.
Se dice que el nombre de esta villa se lo puso la reina Isabel Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV (que reinó de 1621 a 1640), quien admirada de la belleza del lugar y de las abundantes especies florales pronunció “¡Mira, flores!”.
A finales del siglo XIX nacieron los primeros hoteles de la localidad y se fundó La Colonia, formada por éstos y por villas de veraneo. Muchos de esos palacetes, en los que la alta burguesía madrileña buscaba respirar ‘aire puro’ siguen en pie en ese lugar junto a las carreteras que llevan a las localidades de Canencia y Rascafría.

Lugares con patrimonio cultural y naturaleza en la Sierra de Madrid
En el casco urbano se encuentra una de las huellas más importantes de la villa, la Iglesia de de la Asunción de Nuestra Señora, cuya primera piedra se colocó en 1419. Otro reconocido edificio es la ermita de uno de los patronos del pueblo, pero en realidad se conoce como Humilladero de San Blas. Pero algo que llama especialmente la atención es la Gruta de Nuestra Señora de Begoña, a la entrada de la villa, que, aunque es de carácter privado, es muy visitada.
La naturaleza es su otro fuerte. Encinas, pinos, plantas aromáticas…, todo huele bien. Es algo que se puede comprobar en la conocida como Parada del Rey y que, en realidad, se debería denominar ‘de la reina’, porque fue en ese lugar, a los pies de La Najarra, en el camino real de la Morcuera en dirección al Monasterio de El Paular, donde, en un descanso, la reina Isabel de Borbón pronunció la frase arriba citada que cambió el nombre del pueblo.
Miraflores de la Sierra cuenta con inmejorables restaurantes para comer en familia y para que los peques disfruten tanto de la buena mesa como del entorno. Uno de ellos -destacado por los eventos (bodas, comuniones…) para varios comensales en sus estupendos jardines o en el amplio restaurante- es la Finca Nuestra Señora del Rocío, que desde 1985 renueva su carta con excelentes propuestas.

Horcajuelo de la Sierra
Este bello municipio, con poco más de 100 habitantes censados y a solo 90 kilómetros de la capital madrileña, es perfecto para disfrutar de su destacada arquitectura rural y la profusión de árboles y zonas verdes. Ubicado en la Sierra Norte y, más concretamente, en la parte occidental de la Sierra del Rincón -reconocida como Reserva de la Biosfera por la UNESCO- es un destino turístico perfecto, que añade a su belleza las sendas para recorrer fuera del pueblo (de unos 8 kilómetros, entre ida y vuelta) y llegar a un viejo molino o descansar y recrearse a orillas del Arroyo de los Pinares.
Los niños deben conocer in situ los lugares y oficios de otros tiempos y este es un buen ejemplo; veréis la fragua (hoy reconstruida como un antiguo taller de herrero) o el potro de herrar y, con sus familias, se podrán desplazar a las antiguas minas de plata, que se encuentran a 1.500 metros de altura En sus inicios, en la repoblación del siglo XIII, perteneció a la también madrileña villa de Buitrago de Lozoya. La mayor parte de sus habitantes se dedicaban al pastoreo y la localidad cuenta con una peculiaridad: el acebo -según leyes del siglo XVI aún vigentes- está protegido; gran variedad de frutales y nogales lo acompaña en su bella naturaleza.
Rodeada de callejuelas con edificios bien conservados y con varias zonas de huerto, en el centro del pueblo, se eleva la iglesia de San Nicolás de Bari, con capilla gótica, otros elementos barrocos, como el retablo, y una pila bautismal medieval.
Una visita imprescindible es la de su Museo Etnológico, en la calle de la Fuente. Allí se reconstruye (mediante aperos de labranza, trajes de la época de la repoblación y utensilios caseros de hace cientos de años- la vida rural del municipio. Pero en el espacio tienen también lugar presentaciones y exposiciones de arte actuales.
A la hora de comer es una buena apuesta acudir a La Posada de Horcajuelo (calle Blanco, 17), también hotel rural de piedra y madera. El restaurante está cerrado de lunes a miércoles, pero el resto de los días de la semana podréis degustar las delicias gastronómicas de la zona: carnes, judiones y, mención especial, quesos.
Como señalábamos, las sendas que parten del municipio os llevarán a lugares tranquilos y muy bonitos con una vegetación que asombra.
