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Una inolvidable noche de Champions con mi hija

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Un día del pasado mes de abril, cuando mi mujer llegó a casa del trabajo me dijo: “he apuntado a la pequeña al sorteo para que sea uno de los niños que salen al campo de la mano de los jugadores antes de los partidos de fútbol de la Champions League.” En ese momento comenzó para nuestra hija, de nueve años, una de las experiencias más excitantes que puede vivir actualmente cualquier niño al que le guste jugar al fútbol. Le pregunté a mi mujer por qué no había apuntado también a su hermano mellizo y me respondió que no podía participar porque superaba ampliamente la estatura máxima permitida que era de 135 cm.

A nuestros tres hijos, dos mellizos y su hermano mayor, les encanta el fútbol y lo practican constantemente. Todos ellos juegan en equipos federados, cada sábado por la mañana, en lo que se ha convertido en un ritual semanal que transcurre todos los años desde el mes de octubre hasta bien entrado el mes de mayo. Nos trae algún que otro problema logístico por coincidencias de horarios y llegamos bastante cansados al final de temporada, pero verdaderamente el esfuerzo merece la pena y nos sentimos muy orgullosos de ellos.

Cuando mi mujer me dijo que había apuntado a nuestra hija al sorteo de la Champions, pensé que era un intento baldío ya que seguramente se apuntarían miles de niños para cada partido y sería prácticamente imposible que tuviéramos esa suerte, así que no le dijimos nada a los niños. Sin embargo, a los pocos días mi mujer me llamó desde el trabajo muy excitada para decirme: “chavalín, el próximo miércoles por la tarde tienes plan con tu hija. A las 18,30 tienes que estar con ella en la puerta 5 del Vicente Calderón. Vais a ir al partido entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid” Si yo me quedé alucinado, cuando llegaron mis hijos del colegio y les contamos el acontecimiento, ellos se quedaron pasmados. Los ojos de mi pequeña, que ya de por sí son grandes, se convirtieron en inmensos y su cara era todo un reflejo de la tremenda felicidad que puede llegar a experimentar un niño ¡Iba a compartir en primera persona el momento de saltar al campo con los ídolos de miles niños!

Sus hermanos protestaron, no muy airadamente, alegando que era injusto ¿Por qué ella iba a asistir a un partido tan importante si ellos llevaban meses pidiéndome ir a algún partido de fútbol y no lo habían conseguido? He de reconocer que me produce mucho respeto llevar a niños tan pequeños a un espectáculo donde asisten tantos miles de personas y nunca sabes cómo puede terminar. Cuando les expliqué que sólo ella podía participar por medir menos 1,35, se terminó el debate. Y mi hija lo zanjó diciendo: “de algo me tiene que servir ser tan canija.

Los días siguientes no sé quien estaba más expectante, si  mi hija o yo mismo. El sábado anterior por la noche me dijo al acostarse “¡Qué ganas tengo de que sea lunes!”. Se lo contamos a todo el mundo y constantemente nos preguntaban si saldría con uno del Madrid o del Atleti, si iría con Cristiano, qué suerte tenía…

Cuando llegó el día del partido, llevé a la niña a las 18,30, tal y como me habían dicho, me entregaron una magnífica entrada de tribuna baja para ver el partido y me informaron de que cuando terminara la presentación, me llevarían a la niña a mi localidad y veríamos el partido juntos.

La espera hasta que comenzaron a saltar los jugadores con los niños al campo se me hizo eterna y cuando vi a mi niña cogida de la mano de Casemiro se me encogió el corazón y me saltaron algunas lágrimas.

Es increíble lo que puede llegar a dar de sí un momento tan efímero. Nada más terminar el himno de la Champions mi teléfono comenzó a echar humo a base de mensajes: ¡Le ha tocado con Casemiro! Me escribieron unos cuantos, ¡La hemos visto!, ¡Lo tengo grabado!, ¡Qué guapa!… Y recibí innumerables fotos y vídeos grabados de la TV.

Enseguida me trajeron a la pequeña y disfrutamos juntos del partido muy emocionados. El ambiente era impresionante con los cánticos de ambas aficiones y mi hija no paraba de moverse y pedirme palomitas, galletas, bebidas y de todo lo que se le ocurriera. Al final del partido nos cayó una tromba de agua y nos calamos hasta los huesos antes de llegar al coche y volver a casa, pero no importaba. Había sido una tarde increíble.

Cuando llegamos a casa, muy tarde, le contamos a mi mujer todo lo que habíamos vivido con pelos y señales y la pequeña se quedó a dormir en nuestra cama con la ropa de la Champions que le habían regalado.

Al día siguiente mi hija me contó que cuando llegó al colegio, todos los niños de su clase la abrazaron y le preguntaron de todo. Por cierto, nos dijo que los más simpáticos eran Marcelo y Sergio Ramos. Una semana después todavía nos preguntan por los jugadores.

Desde luego, hay vivencias que no se pueden pagar e indudablemente esta es una de ellas.

Luis Rodríguez

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