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Las más ridículas prohibiciones de las playas españolas

prohibido en la playa
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Nos pasamos once meses de desesperación, intentando conciliar trabajo, niños, fines de semana, extraescolares, vacaciones de los profesores, urgencias médicas… esperando con anhelo el ansiado mes de vacaciones en la playa (o lo que se pueda, vaya). De acuerdo, no es tan bonito tampoco, hay que escoger el carísimo apartamento, llenar el coche hasta los topes –si tienes un bebé mejor no vayas, de verdad-, pagar el atraco de la revisión, dar esquinazo a la suegra o a la madre, comprar el equipamiento playero al comprobar que el del año pasado está todo inoperativo menos la sombrilla, tener un viaje insufrible con los niños mareados y hasta puede que con caravana de salida. Recordad también que el piso estará, como siempre pasa, sucio a pesar de haber pagado 80 euros de limpieza y que nada más llegar hay que realizar una enorme compra en Mercadona o Supersol rodeados de guiris achicharrados y omaitas gritonas, preparar cenas, baños, y por fin, dormir…

Aunque así dicho puede parecer un infierno, todo es soportable, forma parte del circo de las vacaciones estivales, lo de todos los años. Hasta podemos tolerar la clásica  broma del soltero de la oficina, “¿Qué tal las vacaciones? Bien o en familia… “ Al menos te consuelas pensando que lo mismo sus fotos son puro photoshop. En el fondo todo compensa pensando que la familia disfrutará en la playa bañándose, jugando, haciendo castillos de arena… y tú satisfecho observándoles y tomando una cervecita.

Prohibido jugar a las palas o hacer castillos de arenacastillos en la playa

Pues no, para el carro un momento, ni lo sueñes. Así no van las cosas ahora. En un montón de municipios playeros unos alcaldes avispados han decidido que como nuestras únicas vacaciones del año son tan idílicas hay que ponerles limitaciones en sus playas; en román paladino, hay que fastidiar a los veraneantes. Es decir, no se te ocurra llevar el carrito del niño que no te dejarán, ten las sombrillas en perfecto estado de revista o te multarán, olvídate de las palas y de la pelota, abrásate y mantente alejado 6 metros de la orilla aunque no hayas podido llevarte tu sombrilla (sí, esa un poco oxidadilla que pensabas que estaba bien), nada de tener envases de vidrio en la nevera portátil, de lavarse con jabón los pies en las duchas y en algunas hasta de echarse un cigarrillo.

Hay otras prohibiciones que no me afectan, y que me provocan una sonrisilla estúpida y evocadora. Están prohibidas las fiestas nocturnas en la playa y menos ‘dormir’ aunque hayas ligado. Esa pandilla de chavales y chavales están obligados a ir justo al apartamento colindante con el tuyo a escuchar música hasta las tantas, beber tragos, reírse, amarse, mientras tú planificas con nostalgia y precisión el plan de acción del día siguiente. “Es difícil pero no imposible librarnos de una multa”, me digo.

No pongáis la toalla a menos de 6 metros de la orilla

Para ello es fundamental entrenar concienzudamente a tus comandos. “Si hacéis pis en la playa que no se os note chicos, que la multa es de 750 euros”. “Los castillos de arena pequeñitos, ahora se lleva el minimalismo”. “Las bicis no las metáis en la playa, mejor en el paseo marítimo y que las roben”. “Sí jugáis a las palas en la orilla darle muy flojito”. “Nada de jugar al fútbol, y si no os veo, al menos no le deis un balonazo a la gorda del bañador negro”. “Ni se os ocurra hacer hoyos, por favor”. “Cuidado que no se os caiga un trozo de pan del bocata en la playa, que aunque sea ecológico me van a meter un paquete”. “Aunque haga mucho calor medir los pasos a la orilla donde poner la toalla. Mínimo 6 grandes zancadas. Carlitos, tú 18”.toalla playa

A la mañana siguiente sabes que a pesar del intensivo entrenamiento algo puede fallar. Al menos te consuelas que como tenemos que dejar al perro en el apartamento porque está prohibido llevarlo a la playa se vengará de los jóvenes que no nos dejaron dormir ladrando como un poseso.

Ya solo queda encontrar plaza de aparcamiento, cargar con todos los bártulos, buscar una parcela donde poner las toallas, embadurnarte y embadurnarlos de crema de protección 50 (os recuerdo por segunda vez que no nos dejan llevar la sombrilla; ¡un poco oxidadilla, vale!), hinchar el balón y las ruedas de la bici del peque, perder la pelota de las palas y el cubo de arena, olvidarme los bocatas y comprar a precios abusivos las botellitas de agua del chiringuito.

Cómo no pueden hacer nada, observo con tranquilidad como se aburren en sus toallas perfectamente alineadas. Ante tanto sosiego intento leer un libro. Pero es imposible acomodarse tumbado en la toalla y más con la luz del sol. Desisto. Compruebo con satisfacción que la jornada, aunque soporífera, se ha desarrollado según las malditas ordenanzas municipales.

A la vuelta al coche la desazón se apodera de mí. Un papelito posa en el cristal aprisionado por el limpia parabrisas. Una cuantiosa multa, claro. “Estúpidos alcaldes”, me digo enfadado.

En venganza, a continuación os detallo algunas de las playas de municipios donde sus alcaldes alardean de amargar la vida de los veraneantes:

Lista de playas infames

En San Pedro del Pinatar (Murcia) no dejan jugar a las palas, en Arona y Arisco (Tenerife) están prohibidos los castillos de arena, en Cullera (Valencia) no se puede poner la toalla a menos de 6 metros de la orilla, en Chipiona (Cádiz) ni se te ocurra jugar con palas ni pelotas, en Gozón (Asturias) el carrito de bebé déjalo en el coche, en Mogán (Gran Canaria) y L´Escala (Gerona) ni un cigarrito puedes fumar, según informa un artículo de el diario El Confidencial.

Eso sí, os prometo que en el próximo número haré una selección de sitios para veranear sin playa, ni, sobre todo, prohibiciones absurdas.

Chema Rodríguez

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