¿Ocurrencia o estupidez en la lucha contra el acceso al porno de los menores?

Aluvión de críticas con el llamado 'pornocarnet'

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seguridad internet niños

Hace unos meses comentamos en un artículo sobre la conveniencia de tomar medidas para limitar el acceso de los niños y adolescentes a la pornografía mediante las redes digitales.

Los datos eran muy alarmantes. Según Save the Children se había adelantado la edad del primer contacto con páginas para ‘adultos’ a la edad de los 12 años, y 7 de cada 10 menores la consumían frecuentemente.

El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había manifestado por entonces que uno de cada cuatro jóvenes de menos de 12 años había tenido acceso y consumo de páginas para adultos y que casi la mitad de los jóvenes de menos de 15 años las consumían.

En su momento fuimos muy escépticos sobre las posibles medidas que iba a tomar el Gobierno argumentando que iba a ser muy difícil tal control. Eso sí, dimos un voto de confianza a esas posibles medidas y nos quedamos a la expectativa.

Ahora, por fin, conocemos que se van a implantar a partir del final verano. El ministro para la Transformación Digital, José Luis Escribá, ha anunciado la creación de un Carnet Digital para el acceso al porno, por el cual solo los mayores de 18 que se registren a través del DNI Electrónico podrán conseguir un bono de 30 accesos para sesiones en 30 días. Esta medida solo es válida para las páginas pornográficas que estén alojadas en España.

Como sospechábamos, la medida del Gobierno ha sido el hazmerreír de los medios y objeto de múltiples memes en las redes. Está claro que cuando se parte de una premisa ridícula el resultado de las soluciones a adoptar suelen ser del mismo calado: absurdas y sin sentido.

Limitará el acceso al porno a una mínima parte

Vayamos por partes. En primer lugar, y lo más importante de todo, la inmensa mayoría de páginas porno que se consumen en España están alojadas en otros países, por lo que para visitarlas no será necesario pedir el ya denominado ‘pornocarnet’. Segundo, los consumidores de porno huyen de figurar en una lista -y menos del Gobierno- donde se les registren por sus gustos. Tercero, probablemente muchos de los adolescentes tienen más conocimientos tecnológicos que sus padres y tendrán pocos problemas para saltarse estas barreras tan frágiles.

El resultado previsible es que las empresas españolas de contenidos de adultos ya estarán migrando a servidores de otros países so pena de tener que cerrar. Saben de antemano que muy poca gente se va a registrar. Los jóvenes, evidentemente, seguirán consumiendo el porno que deseen. Como dice un experto informático «no tienen problemas de acceder a dispositivos proxit de cualquier parte del mundo».

Cómo apuntábamos en el anterior artículo, la batalla con los adolescentes está prácticamente perdida. Lo único que nos queda es concienciarlos y educarlos sobre las consecuencias que puede tener un uso desmedido de la pornografía.

Con los más peques es otra cosa y aquí los padres tenemos que ponernos serios. Hay que intentar por todos los medios vetar el acceso a los más pequeños utilizando medidas ya existentes de control parental de los dispositivos. Eso significa control y vigilancia. A esas edades tempranas es imprescindible hacerlo antes de que adopten hábitos nada enriquecedores en el desarrollo de su personalidad.

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